Visión, exploración (agudeza visual, miopía, hipermetropía, sistema motor ocular, traumatismos, fondo de ojo). Alteraciones más frecuentes en el adolescente


 

Visión, exploración (agudeza visual, miopía, hipermetropía, sistema motor ocular, traumatismos, fondo de ojo). Alteraciones más frecuentes en el adolescente

M. Puertas Ruiz-Falcó, MD.
Servicio de Oftalmología, Hospital Universitario Puerta de Hierro Majadahonda. Madrid.

 

Fecha de recepción: 22-09-2021
Fecha de publicación: 31-10-2021

 

Adolescere 2021; IX (3): 84-94

 

Resumen

La adolescencia supone un periodo de transición de vital importancia entre el final de la infancia y el inicio de la edad adulta. En este periodo de la vida es necesario el buen control del desarrollo y el sistema visual no es una excepción, siendo uno de los aspectos fundamentales donde se refleja esta nueva etapa. En muchas ocasiones, los trastornos visuales pueden alterar este proceso madurativo y funcionamiento de los adolescentes, causando una deficiente adaptación tanto social como escolar. Por tanto, es de gran importancia tanto realizar controles oftalmológicos como orientarlos en función de su edad, capacidad cognitiva y de colaboración. Es igual de relevante saber identificar las patologías más frecuentes en los adolescentes como adecuar los métodos exploratorios y el tratamiento en función de estas. Entre ellas, destacar la importancia de: los defectos de refracción; el ojo rojo, siendo uno de los motivos de consulta más frecuentes además de un reto diagnóstico; y los traumatismos.

Palabras clave: Agudeza visual; Conjuntivitis; Traumatismo; Estrabismo; Adolescencia.

Abstract

Adolescence is an important transition period between the end of childhood and the beginning of adulthood. In this period of life, it is necessary to have a good control of the development and the visual system is not an exception, being one of the fundamental aspects where this new stage is reflected. On many occasions, visual disorders can alter this maturation process and functioning of adolescents, causing a poor adaptation both socially and at school. Therefore, the importance of carrying out ophthalmologic controls according to their age, cognitive capacity and collaboration, must be highlighted. It is equally relevant to know how to identify the most frequent pathologies in adolescents and to adapt the examination methods and treatments to them. Among the common conditions, it is important to emphasize the importance of: refractive defects, red eye, which is one of the most frequent reasons for consultation as well as a diagnostic challenge, and trauma.

Key words: Visual Acuity; Conjunctivitis; Trauma; Strabismus; Adolescence.

 

Agudeza visual

En la etapa de la adolescencia se debe de evaluar la posibilidad de aparición o cambios en los defectos de refracción, con la repercusión secundaria que pueden tener en el desarrollo del adolescente

La evaluación de la agudeza visual constituye la primera maniobra exploratoria y más importante en Oftalmología. Entendemos por agudeza visual la capacidad de identificar correctamente una forma y/o su orientación.

La capacidad de refracción de un sistema óptico se expresa en dioptrías (D). El globo ocular dispone de diferentes lentes convergentes: córnea (43 D) y cristalino (17-22 D). En consecuencia, los rayos de luz que penetran en el ojo convergen idealmente en la fóvea retiniana, en forma de imagen invertida, y a través del nervio óptico se transmite la información al córtex visual. Cuando los rayos de luz no forman la imagen en la retina hablamos de ametropías que, a su vez, podremos clasificar en esféricas (miopía o hipermetropía), si la curvatura es uniforme; o anesféricas (astigmatismo), cuando no lo es.

Se debe evaluar de forma indepen-diente la agudeza visual de cada ojo ocluyendo el contralateral. Si los pacientes son ya portadores de lentes correctoras (gafas/lentillas) se valorará la agudeza visual tanto con sus lentes correctoras como sin ellas y con cada ojo individualmente

Para la valoración de la agudeza visual es conveniente disponer de métodos objetivos como los optotipos (E de Snellen, anillos de Landolt…). En el adolescente, la distancia al optotipo adecuada es aproximadamente 6 metros y se debe evaluar de forma independiente, la agudeza visual de cada ojo ocluyendo el contralateral. Si los pacientes son ya portadores de lentes correctoras (gafas/lentillas) se valorará la agudeza visual con cada ojo individualmente tanto con sus lentes de corrección como sin ellas.

Ante una disminución de la agudeza visual, en primer lugar, deberemos descartar un defecto refractivo. Para ello un método sencillo es el “agujero estenopeico”, donde al mirar a través de un pequeño agujero disminuye la dispersión de la imagen, lo que se manifestaría como una mejora en la visión si se posee un defecto en la refracción.

  • Miopía: los rayos de luz convergen delante de la retina ocasionando un defecto para la visión lejana, generalmente debido a un ojo más largo de lo normal en relación con su poder de convergencia (miopía axil). El tratamiento de las mismas se realizará mediante el uso de lentes divergentes o negativas.
  • Hipermetropía: los rayos de luz convergen detrás de la retina. El paciente puede compensar el defecto mediante un esfuerzo de acomodación excesivo constituyendo el cuadro denominado astenopía acomodativa. Pueden presentar sintomatología como cefalea, cansancio en la lecto-escritura, lagrimeo, cuadros inflamatorios frecuentes (blefaritis, orzuelos y conjuntivitis de repetición). En el niño, la hipermetropía puede asociarse a un estrabismo convergente al asociarse los reflejos de acomodación y el de convergencia. Para su tratamiento serán necesarias lentes convergentes o positivas.
  • Astigmatismo: los ejes de la superficie del dioptrio no son uniformes en todos sus planos. Podríamos hacer la comparación de la córnea con un balón, donde en lugar de adoptar forma de balón redondo, adopta forma de balón de rugby; lo que distorsiona la imagen percibida. A su vez, puede coexistir una ametropía esférica (miope o hipermétrope). Para el tratamiento son necesarias lentes cilíndricas que permitan la corrección del eje anómalo.

El tratamiento de las ametropías se realizará mediante lentes de corrección correspondientes a corregir el defecto. Uno de los problemas frecuentes en estas edades supone el uso de las gafas, donde muchos de los adolescentes, aludiendo motivos estéticos, rechazan su uso, siendo esencial la buena relación médico-paciente.

Otra cuestión frecuente es el posible uso de lentes de contacto/lentillas. Las lentes de contacto, a pesar de corregir el defecto refractivo, podrían ocasionar daños secundarios debido al excesivo o mal empleo de las mismas, como daño en las glándulas lacrimales, infecciones, úlceras corneales… Por otro lado, algunos pacientes presentan intolerancia a las lentes de contacto por hipersensibilidad al contacto directo con la córnea. En aquellos pacientes candidatos al empleo de lentes de contacto se debe explicar e incidir en cómo realizar el correcto uso de estas y su esterilización necesaria.

Sistema motor ocular

En condiciones normales, somos capaces de percibir los objetos del espacio con ambos ojos y, a través de las imágenes percibidas por la retina de cada uno de ellos, el sistema sensorial conduce la información hasta el córtex visual, donde el cerebro fusiona las imágenes percibidas por la retina. Para tener visión binocular es necesario que las imágenes percibidas con cada ojo sean semejantes en tamaño, forma, color e intensidad. Cuando no sucede de tal manera se produce un mecanismo de supresión nerviosa por el cerebro del ojo identificado como patológico.

El sistema motor ocular está constituido por los músculos extraoculares y su inervación. Gracias a ello, los ojos pueden realizar varios tipos de movimientos:

  • Las ducciones: son los movimientos que puede realizar cada ojo individualmente.
  • Las versiones: son los movimientos conjugados y simétricos de los dos ojos en la misma dirección de la mirada.
  • Las vergencias: son los movimientos conjugados asimétricos de los dos ojos (convergencia y divergencia).

El estrabismo en la adolescencia plantea diferentes problemas, entre ellos: la pérdida definitiva de la función binocular, la reducción de la visión del ojo desviado (ambliopía u ojo vago), además problemas estéticos y emocionales

El estrabismo supone la pérdida del paralelismo de los ejes visuales con alteración de la visión binocular. Plantea diferentes problemas, entre ellos: la pérdida de la función binocular, la reducción de la visión del ojo desviado (ambliopía u ojo vago) y, además, ser estéticamente poco favorable y conllevar problemas emocionales. La ambliopía es la consecuencia más temible del estrabismo que, básicamente, sucede por un proceso de deprivación causado por desuso del reflejo de fijación de dicho ojo. Durante el periodo sensible o maleable puede llegar a corregirse; pero generalmente en los adolescentes, al haber transcurrido este periodo, no es posible la mejoría de la agudeza visual.

Para valorar un posible estrabismo disponemos de diferentes exploraciones:

  • Test de Hischberg: enfocando con una luz, podemos observar el reflejo de la misma sobre las córneas de ambos ojos, que deberían situarse en el mismo punto central.
  • Cover-test: enfocando mediante una luz a los ojos mientras tapamos y destapamos uno de ellos de forma alterna.
    • Si no se produce movimiento de ningún ojo: se denomina ortoforia, es decir, ambos ojos se encuentran paralelos.
    • Si se produce movimiento del ojo no tapado: estrabismo o tropia pudiendo ser divergente/exotropía o convergente/endotropía en función de la dirección del movimiento.
    • Si se produce movimiento del ojo tapado: foria, muy frecuente en la población general.

Alteración e inervación de los músculos extraoculares

Los trastornos de los movimientos oculares con significación neurooftalmológica en el adolescente engloban las paresias o parálisis de los músculos extraoculares (pares craneales III, IV y VI). Las lesiones más frecuentes son las del VI par craneal, seguido del IV y del III nervio.

Parálisis del VI par craneal

Puede ser congénita o adquirida, uni o bilateral. La parálisis adquirida puede ser debida a múltiples causas como consecuencia del largo recorrido intracraneal de su porción postnuclear.

Típicamente el paciente manifiesta un estrabismo convergente en posición primaria de mirada y suele girar la cabeza hacia el lado ipsilateral del músculo paralizado.

Parálisis del IV par craneal

La etiología adquirida más frecuente es la idiopática, siendo los traumatismos craneales la causa conocida más frecuente.

Clínicamente, el déficit de acción del músculo oblicuo superior, se manifiesta como una limitación para la depresión del ojo afectado cuando se encuentra en aducción; siendo habitual observar una hiperacción de su antagonista, el músculo oblicuo inferior. Al realizar el cover-test observaremos una hipertropía (elevación) del ojo afectado que se hace más evidente al inclinar la cabeza hacia el hombro del ojo parético (test de Bielchowsky). El paciente manifiesta con inclinación de la cabeza hacia el hombro contralateral a la lesión con la barbilla descendida.

Parálisis del III par craneal

La parálisis del III par o motor ocular común tiene un marcado efecto sobre la motilidad ocular al inervar cuatro de los músculos extrínsecos: recto superior, recto medio, recto inferior y oblicuo inferior. Además, inerva el músculo elevador del párpado superior y contiene ramas parasimpáticas que inervan el músculo ciliar y esfínter de iris.

Clínicamente se presentará un estrabismo, típicamente una exotropia e hipotropia, con posible ptosis (lesión del elevador del párpado superior), midriasis y parálisis de la acomodación (lesión del parasimpático).

Ojo rojo

El ojo rojo es un motivo de consulta muy frecuente. Para orientar la etiología, puede ser de ayuda inicial diferenciar entre ojo rojo doloroso y no doloroso y si la hiperemia es de predominio conjuntival o ciliar

El ojo rojo del adolescente es un motivo de consulta muy frecuente en los servicios de Urgencias siendo la manifestación clínica de un amplio grupo de patologías. Para orientar la etiología, puede ser de ayuda inicial diferenciar entre ojo rojo doloroso y no doloroso (Algoritmo 1), y, por otro lado, las características de la hiperemia (predominio conjuntival o ciliar).

Hemorragia subconjuntival/equimosis

Se produce una extravasación hemática subconjuntival de color rojo intenso con límites bien delimitados con la conjuntiva respetada. A pesar de la llamativa exploración, cursa de forma asintomática y resuelve de forma espontánea en 10-15 días.

Puede ser secundaria a traumatismos, vómitos, tos, espontánea… Si se producen equimosis de repetición es conveniente descartar coagulopatías o causas de HTA en el adolescente.

Causas conjuntivales

Conjuntivitis agudas

La participación de la conjuntiva en procesos infecciosos o irritación ocular es prácticamente constante, siendo la región donde asientan fundamentalmente los elementos defensivos frente a los agentes externos.

Los signos clínicos de las conjuntivitis agudas son la hiperemia conjuntival, quemosis (edema conjuntival), secreción y reacción tisular

Se manifiesta clínicamente con sensación de cuerpo extraño, lagrimeo, picor; pero sin disminución de la agudeza visual ni dolor. Por otro lado, los signos clínicos de las conjuntivitis agudas son la hiperemia conjuntival, quemosis (edema conjuntival), secreción y reacción tisular (Figura 1).

El tratamiento dependerá de la etiología, pero independientemente de la misma no se debe ocluir un ojo con secreción activa ya que favorecería el crecimiento de microorganismos. Para orientar la posible etiología de la conjuntivitis (Tabla I) deberemos tener en cuenta diferentes aspectos:

  • Conjuntivitis vírica: Son las más frecuentes. La mayoría están causadas por Adenovirus serotipos 8 y 19 y suele haber antecedentes de infección respiratoria reciente o posible contagio (alta probabilidad los primeros 10-12 días), siendo los adenovirus una causa importante de epidemias, como ocurre en el caso de la fiebre-faringo-conjuntival (serotipo 3).

    Es frecuente el inicio unilateral, afectando posteriormente el contralateral con frecuencia. A la exploración es típica la aparición de folículos en conjuntiva tarsal inferior (elevaciones blanco-grisáceas rodeadas por vasos), hemorragias subconjuntivales y pseudomembranas en tarso. Se podría palpar también una adenopatía preauricular. El curso clínico empeora los primeros días resolviendo en 2-3 semanas.

    Las conjuntivitis por adenovirus pueden complicarse con la aparición de infiltrados corneales subepiteliales autoinmunes, acompañado de una pérdida de agudeza visual

    Las conjuntivitis por adenovirus pueden complicarse con la aparición de infiltrados corneales subepiteliales autoinmunes, acompañado de una pérdida de agudeza visual.

    Tratamiento: Lavados con suero salino, compresas frías, lagrimas artificiales y anti-inflamatorios no esteroideos. Se asociarán corticoides tópicos en los casos de pseudomembranas (retirándolas previamente) y de infiltrados corneales que produzcan una disminución de la visión. No se deben utilizar corticoides sin supervisión oftalmológica. Debido a la alta contagiosidad, se recomienda aislamiento y evitar contacto estrecho hasta desaparición de las secreciones. En caso de los Adenovirus se recomienda aislamiento durante 9 – 10 días.

    La prevención también es fundamental, por ello son aconsejables las medidas higiénicas y el diagnóstico precoz.

  • Conjuntivitis bacteriana: Los gérmenes implicados con mayor frecuencia son Staphylococcus aureus, Streptococcus pneumoniae, Haemophilus influenzae y Moraxella catarrhalis. A la exploración se caracterizan por la presencia de legañas muco-purulentas, hiperemia conjuntival y papilas en conjuntiva tarsal (pequeñas elevaciones poligonales rojizas con aspecto en empedrado). Suelen ser autolimitadas en 2-5 días y rara vez producen complicaciones.

    Tratamiento: Aplicar colirio antibiótico (tobramicina, fluorquinolona, neomicina) cada 2-3 horas durante el día y en forma de pomada por la noche durante 5-7 días o hasta 72 horas después de la resolución de la clínica. No se ha demostrado que haya un antibiótico mejor que otro en el caso de las bacterianas, pero sí que acelera la resolución del cuadro, administrado en los 5 primeros días.

  • Conjuntivitis por Chlamydias: La infección por Chlamydias requiere una mención especial en el adolescente, suponiendo una etiología que asciende en frecuencia en el adulto joven. Es considerada una enfermedad de transmisión sexual, aunque en el neonato es la etiología más frecuente de oftalmía neonatorum. Aun siendo de etiología bacteriana, es típico observar una reacción folicular en la conjuntiva (Tabla II).

    Tratamiento: El tratamiento de elección es azitromicina vía oral dosis única, pudiendo repetir pauta a la semana si resolución incompleta.

Conjuntivitis crónicas

  • Conjuntivitis alérgica: Dentro del grupo de las conjuntivitis crónicas, se incluyen las alérgicas, que son muy frecuentes, afectando al 15-40% de la población. Dentro de este grupo, se incluyen: la conjuntivitis estacional, perenne, vernal y la conjuntivitis papilar crónica.

    La inflamación conjuntival se produce por una reacción de hipersensibilidad de tipo I, debido a la sensibilización y reexposición a un alérgeno que provoca la degranulación de mastocitos y eosinófilos. Clínicamente presentan intenso picor y lagrimeo ocular; además de quemosis, hiperemia conjuntival e hipertrofia papilar en la conjuntiva tarsal, siendo características las papilas gigantes y los nódulos de Trantras límbicos en la conjuntivitis vernal.

    La queratoconjuntivitis vernal es una patología crónica que puede presentar exacerbaciones durante los períodos estacionales. Suele ser benigna y autolimitada con resolución después de la pubertad, aunque puede asociarse a alteraciones severas de la visión en 6-55% de los casos, por ello conviene remitir a estos pacientes al oftalmólogo.

    Tratamiento: Eliminar el alérgeno si es posible. Los casos leves mejoran con la aplicación de compresas de agua fría y lavados con abundante suero fisiológico. En los moderados se pueden emplear antihistamínicos tópicos (olopatadina, azelastina colirio) 1-2 gotas cada 12 horas al día, estabilizadores de mastocitos (cromoglicato sódico, ketotifeno). En aquellos casos graves, asociar al inicio del tratamiento un colirio corticoideo de baja potencia (fluorometolona) 1 gota 3 veces al día durante 5-7 días y valorar según gravedad antihistamínicos orales, corticoterapia oral y colirio de ciclosporina.

  • Blefaroconjuntivitis por S. Aureus: Pueden producir una queratopatía y, por lo tanto, requerirán tratamiento tópico prolongado con medidas higiénicas y azitromicina e, incluso, tratamiento sistémico en los casos más graves.
  • Otras causas de conjuntivitis crónicas: Conjuntivitis tóxicas (como por ejemplo las secundarias al uso de tratamientos tópicos prolongados), las conjuntivitis por Molluscum contagiosum, etc.

Causas corneales

Habrá que sospechar una patología corneal ante un ojo rojo cuando se acompaña de: dolor, epífora, fotofobia y en algunos casos de pérdida de agudeza visual. Habrá que sospechar patología corneal si presenta factores de riesgo como: traumatismos previos, enfermedades de la superficie ocular, enfermedades sistémicas (como ictiosis, déficit de vitamina A, síndrome de Stevens Johnson…), cirugías oculares previas y lentes de contacto.

Queratitis/úlcera corneal


Las erosiones corneales suelen estar precedidas por un traumatismo ocular. Puede ser diagnosticada mediante la instilación de fluoresceína y observación con luz azul cobalto tiñendo el defecto epitelial. Si se sospecha etiología traumática o si se hallan erosiones verticales, se recomienda evertir los párpados descartando la presencia de un posible cuerpo extraño

Cursa característicamente con dolor, fotofobia y blefarospasmo; presentando también disminución de la agudeza visual. A diferencia de las conjuntivitis, la hiperemia que encontramos es ciliar/ periquerática. La córnea puede estar blanquecina o grisácea y la tinción corneal con fluoresceína es positiva, permitiendo localizar y determinar la morfología de la lesión. La etiología más frecuente es la traumática, seguida de infecciones y cuerpos extraños.

  • Las erosiones corneales: Es la causa más frecuente de ojo rojo de causa corneal. Suelen estar precedidas por un traumatismo ocular (uña, la rama de un árbol, papel…). Puede ser diagnosticada mediante la instilación de fluoresceína y observación con luz azul cobalto del defecto epitelial. Si se sospecha etiología traumática o si se hallan erosiones verticales, evertir el párpado buscando posible cuerpo extraño. En casos de traumatismos, es relevante descartar la perforación del globo ocular, que es una urgencia quirúrgica, una contusión grave.

    Tratamiento: Se administrará colirio antibiótico (terramicina, eritromicina, tobramicina) y pomada antibiótica por la noche. Si se sospecha complicación deberá acudir al oftalmólogo.

  • Queratitis actínica: Suele existir antecedente de exposición intensa a la luz ultravioleta (playa, nieve…) en las 6-10 horas previas al inicio de la clínica. La superficie corneal muestra una tinción con fluoresceína punteada de predominio en región inferior.

    Tratamiento: Oclusión, pomada antibiótica (tobramicina pomada), ciclopléjico colirio (clorhidrato de ciclopentolato 1%) y analgesia vía oral.

  • Queratitis herpética: El agente causal es el virus del herpes tipo 1, siendo la causa más frecuente de ceguera por afectación infecciosa corneal, aunque es menos común que en adultos. La córnea se afecta con infiltrados marginales y a la exploración en la lámpara de hendidura se puede observar una úlcera dendrítica característica a la tinción con fluoresceína. Esta lesión epitelial dendrítica, típicamente recurrente, podría dejar una cicatriz afectando a la agudeza visual hasta en un 6% de los casos (Figura 2).

    Tratamiento: Estas queratitis se tratan con pomada oftálmica de ganciclovir o aciclovir 5 veces al día durante 7 días. Es relevante ante una queratitis, excluir la posible etiología herpética que contraindicaría la administración de corticoides, siendo conveniente la revisión por parte de un oftalmólogo.

Ante una queratitis, se debe excluir la posible etiología herpética que contraindicaría la administración de corticoides, siendo conveniente la revisión por parte de un oftalmólogo

Lesiones por caústicos

Se presenta tras el contacto con álcalis (cemento, lejía, cal…) o ácidos. Los álcalis, al producir lesiones por licuefacción, provocan lesiones de mayor gravedad profundizando en los tejidos oculares. Sin embargo, los ácidos tienden a producir lesiones por coagulación de las proteínas que limita en medida la penetración tisular.

Las lesiones químicas provocan clínica de ojo rojo doloroso, inflamación conjuntival, lagrimeo y fotofobia. Es conveniente evaluar la afectación corneal (edema, opacificaciones, defectos epiteliales) y la presión intraocular, debido a que la agresión química puede provocar una reacción inflamatoria en cámara anterior e hipertensión ocular.

Tratamiento: Debe ser inmediato mediante irrigación con suero fisiológico durante al menos 30 minutos, evertiendo tanto el párpado inferior como el superior para exponer el fórnix y favorecer su irrigación. Puede ser de utilidad en el momento del lavado el empleo de un anestésico tópico.

No se debe neutralizar el cáustico con soluciones ya que produciría una reacción exotérmica que empeoraría la lesión. Tras la abundante irrigación, aplicar ciclopléjico colirio (clorhidrato de ciclopentolato 1%) 1 gota 8 horas; además de antibiótico tópico en gotas o pomada cada 4-6 horas. Es conveniente que sea valorado con urgencia por un oftalmólogo, para eliminar los restos de residuos químicos y el material necrótico conjuntival.

Causas que asientan en la cámara anterior

Uveítis anterior

Sucede cuando se inflama la capa intermedia del globo ocular (úvea). Pocas veces cursan con el cuadro típico de uveítis anteriores del adulto: ojo rojo, dolor, pérdida de agudeza visual o miosis.

Es característica una reacción inflamatoria en cámara anterior que produce el denominado efecto Tyndall por las células inflamatorias que se encuentran en el humor acuoso provocando, en ocasiones, la presencia de hipopión.

En la infancia suelen ser de origen reumatológico (espondilitis, enfermedades inflamatorias intestinales, artritis idiopática juvenil…). La causa de hasta el 80% de estas uveítis anteriores pediátricas es la artritis idiopática juvenil. Es relevante tener presente la manifestación paucisintomática de la uveítis esta enfermedad, siendo en este caso aún más importante el control oftalmológico periódico.

Además de causas autoinmunes, las uveítis también pueden ser de origen traumático, infeccioso
o tumoral.

Glaucoma

Siendo muy infrecuente en la adolescencia ante un ojo rojo, este puede ser por ángulo cerrado, oclusión del ángulo camerular (oclusión del ángulo camerular) que suele cursar con hiperemia ciliar o periquerática, dolor, edema corneal con consecuente pérdida de visión y presión elevada del globo.

Lo tendremos que sospechar ante adolescentes con antecedentes previos como: enfermedad de Coats, persistencia de vítreo primario, síndrome de Sturge Weber, enfermedad de Marfan…

Causas orbitarias y en anejos

La patología orbitaria y de los anejos también puede asociar ojo rojo como las celulitis, la dacriocistitis aguda, y, aunque en raras ocasiones (siendo aún menos frecuente en el adolescente), la patología tumoral.

Celulitis preseptal

Se debe hacer el diagnóstico diferencial ante una celulitis preseptal con la celulitis orbitaria, siempre que se acompañe de alteración de la visión, movimientos oculares, reflejos oculares; o se presente proptosis

La infección del tejido subcutáneo que rodea la órbita se produce sin alteración de la visión, ni de los movimientos perioculares, ni de los reflejos oculares, ni con proptosis. Es más frecuente que la orbitaria. Su etiología es múltiple: heridas, cuerpos extraños, extensión a partir de otros focos infecciosos (sinusitis, dacriocistitis, orzuelos…). Los gérmenes causantes más frecuentes son estafilococo, estreptococo o H. Influenza.

Debemos hacer un diagnóstico diferencial con la celulitis orbitaria siempre que se acompañe de alteración de la visión, movimientos oculares, reflejos oculares; o se presente proptosis.

En general, se tratan de manera ambulatoria con antibióticos vía oral (amoxicilina-clavulánico). De no encontrarse ninguna causa de celulitis, se debe pedir una TAC para descartar sinusitis.

Inflamación /infección de los párpados

En la parte más externa del margen palpebral encontramos una hilera de pestañas provistas de dos tipos de glándulas, glándulas de Zeiss (sebáceas) y las glándulas de Moll (sudoríparas); y en su parte interna las glándulas de Meibomio (sebáceas). Estas glándulas son las responsables de la producción de la capa lipídica de la secreción lacrimal evitando la evaporización de la lágrima. La película lagrimal protege y lubrica el epitelio corneal y a la conjuntiva, además de contribuir a la defensa, oxigenación corneal y arrastre de partículas extrañas.

  • Blefaritis: Se denomina blefaritis a la inflamación de los párpados, apareciendo el borde de los mismos inflamados y enrojecidos. Cuando las glándulas se obstruyen, sus secreciones se estancan formándose ácidos grasos que irritan la superficie ocular. El depósito de dichos compuestos, proporciona unas condiciones óptimas para el crecimiento de bacterias que a su vez liberan toxinas contribuyendo a una mayor irritación.
  • La blefaritis es generalmente de etiología seborreica (alteración de secreción lipídica por las glándulas de Zeiss y de Meibomio) o estafilocócica (forma escamas amarillentas que al desprenderlas dejan lesiones ulcerativas), pudiendo producir una blefaroconjuntivitis

    La blefaritis es generalmente de etiología seborreica (alteración de secreción lipídica por las glándulas de Zeiss y de Meibomio) o estafilocócica (forma escamas amarillentas que al desprenderlas dejan lesiones ulcerativas), pudiendo producir una blefaroconjuntivitis como se ha mencionado previamente.

    Tratamiento: Higiene palpebral, lágrimas artificiales si inestabilidad de la película lagrimal y si se sospecha etiología estafilocócica pomada antibiótica (gentamicina/eritromicina) durante 7 días.

  • Orzuelo: Es una infección de las glándulas palpebrales internas o externas en función de las glándulas afectadas de etiología, generalmente estafilocócica. Clínicamente se presenta como una sobrelevación palpebral dolorosa, sensible al tacto, donde se puede observar un punto de drenaje centrado en el folículo piloso de una pestaña.

    Tratamiento: Calor local y antibiótico en pomada oftálmica asociado a un corticoide de baja potencia (prednisona neomicina, terracortril pomada oftálmica).

  • Chalazion: Es una inflamación granulomatosa crónica de las glándulas de Meibomio localizado generalmente en el tarso superior. Se manifiesta como una tumoración palpebral indolora sin signos inflamatorios y de crecimiento lento.

    Tratamiento: Basado en la inyección de triamcianolona intranodular o extirpación quirúrgica que generalmente se reserva para los casos que no resuelven de forma conservadora.

Traumatismos del globo ocular

Penetrantes

Suelen estar producidos por objetos alargados y puntiagudos (lápices, bolígrafos…). Los signos que deben alertar de una ruptura del globo ocular son:

  • Limitación de la motilidad ocular
  • Ausencia de tono al presionar sobre el globo ocular
  • Una cámara anterior de menor profundidad que en el ojo contralateral
  • Hipema (sangre en la cámara anterior)

Tratamiento: Tapar el ojo sin realizar presión para protección hasta ser valorado por un oftalmólogo. Frecuentemente precisa reparación quirúrgica, por lo que se mantendrá al paciente en ayunas con una cobertura antibiótica intravenosa de amplio espectro. No se debe utilizar fluoresceína, pomadas ni tratamiento tópico con gotas.

Fracturas en “blow-out”

Se produce cuando, a través de un traumatismo directo, se produce un aumento de presión en la región orbitaria que se transmite a través de las estructuras óseas fracturando el suelo de la órbita, el seno maxilar y/o la pared nasal de la órbita pudiendo llegar hasta el seno etmoidal.

Se manifiesta con dolor y dificultad para la mirada vertical debido al atrapamiento del recto inferior en el seno maxilar. La apertura de los senos maxilar y etmoidal hacia el tejido subcutáneo provoca, en consecuencia, un enfisema subcutáneo en la región orbitaria.

La afectación del nervio infraorbitario (2ª rama del nervio trigémino) produce hipoestesia en la región malar y debido a la herniación de los tejidos orbitarios hacia los senos paranasales podremos encontrar enoftalmos.

La radiografía de los senos paranasales en la proyección de Waters permite visualizar el suelo de la órbita. Sin embargo, en caso de dudas diagnósticas solicitar una tomografía computarizada o una resonancia magnética que proporcionan una mayor precisión anatómica.

Tratamiento: Aplicar frío local los primeros días y administrar antibióticos de amplio espectro por vía oral. El tratamiento quirúrgico está indicado si la fractura lo precisa debido a su extensión, si la diplopía persiste o existe un enoftalmos acusado.

Fondo de ojo

La exploración del fondo de ojo es otra de las exploraciones básicas más importantes en el campo de la Oftalmología.

La oftalmoscopia es un método de exploración objetivo, que permite la visualización y el estudio del fondo de ojo, obteniendo una información relevante permitiendo orientar al diagnóstico de ciertas patologías a nivel ocular

La oftalmoscopia es un método de exploración objetivo, que permite la visualización y el estudio del fondo de ojo, obteniendo una información relevante permitiendo orientar al diagnóstico de ciertas patologías a nivel ocular.

Las posibles alteraciones del fondo de ojo son diversas y, a su vez, pueden ser debidas a diferentes etiologías. Por ello es aconsejado saber identificar un fondo de ojo normal y así orientar la exploración.

Cuando exploramos el fondo de ojo deberemos identificar y valorar (Figura 3):

  • Color.
  • Nervio óptico o papila: unión de fibras nerviosas que transmiten la información percibida por la retina a la corteza visual siendo la salida de la porción distal del nervio óptico. Tiene una forma redondeada, con el eje vertical mayor que el horizontal. Sus límites suelen ser netos y es de color rosado con una zona central blanquecina que corresponde con la excavación fisiológica que dejan las fibras al atravesar el canal escleral.
  • Arterias retinianas.
  • Venas retinianas: mayor calibre que las arterias (relación calibre arteria-vena 2/3) y coloración más oscura.
  • Región macular: parte central del polo posterior, temporal a la papila. Su tamaño es de 1,5 mm, de color más oscuro que el resto de la retina.
    • Fóvea: depresión situada en el centro de la mácula, zona avascular.
    • Foveola: suelo central de la fóvea, formada únicamente por conos. Punto de mayor agudeza visual.

 

Tablas y figuras

Tabla I. Características de las conjuntivitis en función de la etiología

BACTERIANA

VÍRICA

ALÉRGICA

SECRECIÓN

Purulenta

Acuosa

Mucosa

CÉLULAS

PMN

Linfocitos

Eosinófilos

REACCIÓN CONJUNTIVAL

Inespecífica (en ocasiones papilas)

Folículos

Papilas

ADENOPATÍA PREAURICULAR

No

No

Tabla II. Diagnóstico diferencial entre conjuntivitis vírica y por Chlamydias

CHLAMYDIAS

VIRUS

EDAD

Adultos jóvenes

Cualquier edad

SÍNTOMAS SISTÉMICOS

Genitourinarios

Respiratorios

CARÁCTER

Bilateral

Unilateral, pudiendo ser posteriormente bilateral

SECRECIÓN

Mucopurulenta

Acuosa

EVOLUCIÓN

Crónica

Aguda (Autolimitada)

CITOLOGÍA

Cuerpos de inclusión

Linfocitos

TRATAMIENTO

Colirio azitromicina

Sintomático

 

Figura 1.

 

Figura 2.

Figura 3.

 

Algoritmo.

 

 

Bibliografía

1. Albert DM, Jakobiec FA. Principles and practice of ophthalmology: clinical practice. Philadelphia: WB Saunders Co; 1994.

2. Beal C, Beverly G. Clinical Evaluation of Red Eyes in Pediatric Patients. Journal of Pediatric Health Care. 2016; 30: 506-14.

3. Benito FJ, Mintegi S, Sánchez J. Diagnóstico y Tratamiento de Urgencias Pediátricas. Madrid: Ergon; 2006.

4. Bueno J, Cuevas R, Vicente E, Ferrer C, González I, Pueyo M. Estudio epidemiológico de las urgencias oftalmológicas en los niños. Arch Soc Esp Oftalmol 1997; 72: 271-276.

5. Castiella Acha JC, López Garrido JA, Anguiano Jiménez M, Usabiaga Uzcandizaga M. Tratamiento de la ambliopía estrábica. En: Estado actual del tratamiento del estrabismo. Galán Terraza A, Visa Nasarre J. LXXXVIII Ponencia Oficial de la Sociedad Española de Oftalmología 2012. Mc Line, S.L. p. 405-48.

6. Domínguez G, Molina JC, De la Torre M. Manual de Urgencias Pediátricas. Madrid: Ergon; 2008.

7. Elder J. My baby ́s got red eye, doctor! En: Hoyt CS, Taylor D. Pediatric Ophthalmology and Strabismus. Philadelphia: Elsevier; 2013. p. 948-50.

8. Galán A, Valero A. Guía de alergia ocular. Barcelona: MRA ediciones SL; 2002.

9. García JJ, González L, Ruiz-Falcó ML. Manual de Urgencias en Neurología Infantil. GlaxoSmithKline, SA; 2005.

10. Gil-Gibernau JJ. Estrabismo. En: Gil- Gibernau JJ. Tratado de Oftalmología Pediátrica. p. 47-60.

11. González-López JJ, Morcillo-Laiz R, 15. Muñoz-Negrete FJ. Queratoconjuntivitis adenovíricas: actualización. Arch Soc Esp Oftalmol. 2013; 88: 108-15.

12. Jiménez Parras R, Macías Molinero L. Diagnóstico diferencial del ojo rojo y de la disminución de la visión. En: Clement F. Oftalmología. Madrid: Luzán 5, S.A. de Ediciones; 1994. p. 411-23.

13. MacEwen CJ, Baines PS, Desai P. Eye injuries in children: the current picture. Br J Ophthalmol 1999; 83 (8):933-6.

14. Puertas D. Estrabismo y otros trastornos de la función visual. Tratado de Pediatría Extrahospitalaria. 2ª Ed. Ergon, S.A. 2011. Tomo II. Capítulo 125. p. 1189-1198.

15. Puertas D, Acebes MM. Urgencias oftalmológicas en Pediatría de Atención Primaria. Revista de Atención Primaria 2001; 3: 411-424.

16. Tuft S. External eye disease and the oculocutaneous disorders. En: Hoyt CS, Taylor D. Pediatric Ophthalmology and Strabismus. Philadelphia: Elsevier; 2013. p. 105-31.

 

Bibliografía recomendada

  • American Academy of Pediatrics. Committee on Practice and Ambulatory Medicine and Section of Ophthalmology; American Association of Certified Orthoptists; American Association for Pediatric Ophthalmology and Strabismus; American Academy of Ophthalmology. Eye examination in infants, children and young adults by pediatricians. Pediatrics. 2003; 111: 902-7.
  • Miller JM, Lessin HR. American Academy of Pediatrics Section on Ophthalmology Committee on Practice and Ambulatory Medicine, American Academy of Ophthalmology, American Association for Pediatric Ophthalmology and Strabismus, American Association of Certified Orthoptists. Instrument-based pediatric vision screening policy statement. Pediatrics. 2012; 130: 983-6.
  • Castiella Acha JC, López Garrido JA, Anguiano Jiménez M, Usabiaga Uzcandizaga M. Tratamiento de la ambliopía estrábica. En: Estado actual del tratamiento del estrabismo. Galán Terraza A, Visa Nasarre J. LXXXVIII Ponencia Oficial de la Sociedad Española de Oftalmología 2012. Mc Line, S.L. p. 405-48.
  • Gil-Gibernau JJ. Traumatismos oculares y de los anexos. Capítulo XII. En Tratado de Oftalmología Pediátrica. Gil Gibernau JJ. Barcelona: ed. Scriba; 1997. p. 247-59.
  • Khaw PT, Shan P, Elkington AR. ABC of eyes. Injury to the eye. BMJ. 2004; 328: 36-8.

 

 
 


El beso


El beso

E. Clavé Arruabarrena.
Medicina Interna. Experto en Bioética. Hospital Donostia. Guipúzcoa.

 

Ilustración: Omar Clavé Correas

 
 

Lucas no pudo conciliar el sueño durante la noche, tenía el alma rota. Se levantó apenas empezó a clarear, se puso un chándal y salió de casa. Después de dar varias vueltas sin rumbo fijo por el centro de la ciudad, tomó una de las calles que conducían al puerto. Al llegar, dejó atrás la dársena y avanzó por el sendero que, bordeando la costa, conducía a una de las lomas que se adentraban en el mar. Por el camino reparó en el reclamo de las gaviotas, se imaginó a un coro de plañideras entonando gritos lastimeros. Consideró que aquel grupo de aves habría reconocido su sufrimiento reflejado en su rostro, se figuró que se compadecían de él. Pero luego desechó esa idea. En realidad, aquellas gaviotas se mofaban, revelaban su verdadero carácter, temeroso, pusilánime. Al llegar a la zona más elevada, contempló el acantilado. Ofuscado, se acercó al pretil y miró hacia las rocas. El embate de las olas del mar siempre le había inquietado, el estruendo era ensordecedor, se preguntó si tendría valor…

En aquel momento, se levantó un leve viento marino que llevaba en el aire un suave aroma a salitre. La fragancia del mar despertó algunos recuerdos del verano y, como si fuera un lenitivo milagroso, apartó por unos instantes los pensamientos que le torturaban. Rememoró una tarde de estío que estuvo caminando por calles dormidas, bajo un cielo lánguido, con el espíritu ausente y preso de una aflicción inexplicable. Exhausto, se detuvo junto a un árbol herido del paseo y posó su espalda sobre el tronco, frente a una marquesina. De pronto, como si de una aparición se tratara, la vio descender de un autobús. Sus miradas se cruzaron y se sintió atrapado en sus ojos. Su corazón empezó a latir con fuerza, deprisa, parecía desbocado. Paralizado por la emoción, observó cómo se alejaba por la acera hasta doblar la esquina. En cuanto se recuperó, fue tras ella, pero ya era tarde, había desaparecido. Aquel sentimiento era nuevo para él. Era algo desconocido, pero maravilloso. Se preguntó si lo que había experimentado era amor, si podía enamorarse uno así, sin proponérselo.

Al día siguiente acudió a la parada del mismo transporte interurbano con la esperanza de volverla a ver. Esperó durante dos horas, pero fue inútil. Después, decidió tomar el bus y dio varias vueltas a la ciudad confiando en que ella subiera en alguna de las paradas. Fue en vano. Pensó si lo sucedido habría sido un producto de su imaginación, una ilusión óptica. Pero, a pesar de ello, no cejó en el empeño y repitió la misma operación en días sucesivos, sin éxito.

Habían pasado ya algunas semanas y, cuando menos lo esperaba, la vio. Fue una tarde que había quedado con sus amigos, pero, al reconocerla, decidió faltar a su cita. Lucas no quería revivir la zozobra de los días anteriores y, armándose de valor, se aproximó a la joven y le preguntó si podía acompañarla. Ella le sonrió. Supo que se llamaba Lidia y, mientras caminaban, Lucas no paró de hablar. Le preguntó por su familia, si estudiaba, qué música le gustaba, cuál era su lectura preferida… El tiempo transcurrió veloz. Ya estaba anocheciendo cuando Lidia se detuvo delante del portal de su casa y, con su dedo índice, selló los labios de Lucas. Ya iba a franquear la puerta, cuando él le propuso salir el día siguiente. Lidia asintió con una amplia sonrisa.

Siguieron juntos lo que restaba del verano. Cualquier cosa les hacía felices, una mirada, un gesto, una palabra, un roce. Un atardecer subieron al mismo lugar en el que, ahora él, se hallaba solo. Contemplaron el mar hasta el anochecer. Miles de estrellas punteaban el cielo, la luna parecía brillar con luz propia, la brisa marina perfumaba el aire de salitre. Lidia, quién sabe si por influjo de los astros, se alejó unos metros de la barandilla y comenzó a mecerse al ritmo del viento. Bailaba sola, leve como el pétalo de una flor, delicada como un tierno capullo. De su ser emanaba un resplandor sobrenatural que se fundía con el reflejo de la luna sobre la superficie del mar. Lucas presenciaba aquel espectáculo extasiado. Sentía que, de lo más profundo de su alma, nacían apéndices que acariciaban cada uno de los movimientos de Lidia. Trataba de encontrar una palabra que pudiera expresar la emoción que él sentía, un término que pudiera denominar aquella pasión. No lo halló. Se convenció de que únicamente el silencio podía ocupar aquel espacio e imaginó que solo un ángel, quizá una diosa, podía concebir ese silencio lleno de palabras sin sonido, de palabras que no existen. Con delicadeza se acercó a Lidia y la besó con ternura. Al mirarla, observó que unas lágrimas se deslizaban por sus mejillas. Lucas se inquietó, no deseaba que su torpeza hubiera roto el hechizo. Ella, posando la cabeza sobre su hombro, musitó: ¡Qué feliz soy!

Lidia no acudió a la cita del día siguiente. Lucas la telefoneó varias veces, pero no obtuvo respuesta. Se dirigió a su casa y pulsó el timbre del portal, pero nadie atendió la llamada. Después de esperar un rato en la calle sin saber qué hacer, salieron del edificio dos vecinas cuchicheando entre ellas. Al pasar a su lado, les oyó lamentarse de la suerte de Lidia. Supo que la habían hospitalizado y, atenazado por la angustia, corrió hasta el hospital. Al llegar, vio a los padres de Lidia abrazados y, unos metros por detrás, a su hermano, llorando cabizbajo. Lucas sintió que un viento frío de muerte le helaba las entrañas.

Vino la negrura, el dolor inenarrable, la amargura infinita. Echaba de menos la alegría de Lidia, el aroma a fruta fresca de su cuerpo, el arrullo de su voz dulce, melosa, sus gestos delicados, sus tiernas caricias… Se decía que era imposible que se hubiera extinguido para siempre, no podía soportar el suplicio de su ausencia. Vislumbraba un futuro sin sentido, de amaneceres sin luz, de noches insomnes. Le torturaba el pensamiento de que el rostro de su amada pudiese desvanecerse como sombras caminando en la bruma. La existencia sin ella se le antojaba peor que la muerte. Deseaba morir, anhelando otra vida que le permitiera reencontrarse con ella.

Solo, aturdido, con los ojos anegados por el llanto, presenció el horizonte. Miró cómo las olas del mar golpeaban inmisericordes las rocas del acantilado. Sentía una enorme opresión en el pecho, le costaba respirar. Uno por uno, se deshacían todos los lazos que le unían a este mundo, pensó en dejarse llevar… Sin embargo, en ese instante, escuchó que una voz le llamaba por su nombre. Reconoció al hermano de Lidia. Éste se acercó y, entre lágrimas, le entregó una carta. Presuroso, se dio la vuelta sin despedirse. Tampoco Lucas tuvo el ánimo de retenerle.

Cuando se alejó, abrió el sobre. Contenía una flor seca y una hoja manuscrita:

Mi amado Lucas.

No me encuentro bien. El médico me ha recomendado que ingrese en el hospital. No sé si regresaré a casa.

Siempre he sido precavida y, desde que empecé a salir contigo, he ido elaborando el escrito que ahora tienes en tus manos. Le encargué a mi hermano que te lo entregara si abandonaba esta vida terrenal. Es mi mejor confidente.

Me recuerdo enferma desde que tengo conocimiento. Perdía muchos días de clase alternando periodos en el hospital con largas temporadas de reposo en el pueblo atendida por mis abuelos. A los diez años tomé conciencia de que mi existencia sería corta. No quise perder ni un momento en lamentaciones y decidí aprovechar cada minuto de mi tiempo. Me parecía romántico fantasear otras vidas valiéndome para ello de lo que veía en el cine o lo que leía en los libros. Me gustaba asociar los estados de mi alma con los ciclos de la naturaleza, emparejar mi espíritu con las estaciones del año. Al cumplir quince años tomé la decisión de vivir experiencias que, hasta entonces, creía vetadas por mi enfermedad. Viajaba en cualquier medio de transporte para conocer otros lugares y estar con personas que, quizá, no volvería a ver nunca más.

Así fue cómo te conocí. El tiempo de cerezas había acabado y llevaba varios días con el corazón mustio. Tomé un autobús al azar y, entonces, te vi apoyado sobre un tilo enfermo. Parecías un chico triste y, no sé por qué, pensé que podíamos ser almas gemelas. Bajé del bus y, cuando se cruzaron nuestras miradas, mi corazón dio un vuelco. Nunca había sentido nada parecido. Desvié la mirada y caminé sin saber adónde me dirigía. Al doblar la esquina me escondí en el primer portal que encontré. Te observé pasar mirando de un lado a otro y supe, dentro de mi corazón, que tú habías sentido algo similar al verme. Permanecí oculta, a cobijo. Decenas de ideas pasaron por mi cabeza, entre ellas prevaleció que yo no tenía derecho a quebrarte el corazón. Ese día, al volver a mi casa, salvé esta flor que yacía soterrada entre hojas secas y ramas muertas, y la guardé entre las páginas de mi diario. Me gustaría que la conservases.

Cuando días más tarde me preguntaste si me podías acompañar, sentí una dicha infinita. Todo ha sido prodigioso en el breve tiempo que hemos compartido. Tu presencia ha coloreado mis días eliminando cualquier atisbo de sombra. Mi mundo se ha transformado como si lo hubiese tocado la varita de un mago, el aire que respiro es más puro, el agua que bebo más limpia, el sueño más reparador, el canto de los pájaros más melodioso, el rostro de la gente más esperanzado, la vida más bella.

Y tu beso ha sido la experiencia más maravillosa que he tenido en mi vida. En tus labios deposité todo mi amor y, adonde ahora me dirijo, me acompañará el sabor de los tuyos. Me voy tranquila porque sé que la savia que ha nutrido mi cuerpo ya forma parte de ti, que mi alma está con la tuya. Te he amado, como no he amado a nadie nunca, y el universo es testigo de que te amaré siempre. Deseo que seas feliz y necesito creer que pondrás todo tu empeño en lograrlo. Y, cuando vuelvas a enamorarte, seré dichosa, porque tu ventura es mi mayor felicidad.

Lidia había estampado el final del escrito con la imagen de sus labios pintados de carmín. Lucas, los besó. Sintió que una llama de esperanza resplandecía en lo más profundo de su alma. El amor que se profesaban era indestructible, era un amor sin final, se amarían más allá de la vida y de la muerte.

Se retiró del acantilado y tomó el camino que conducía al cementerio. Al llegar al camposanto, se acercó a su sepultura y, frente al nicho, se sintió atrapado por un aroma de manzanas. Su amada Lidia estaba presente, pero no a su lado, ni cerca de él, sino en su interior. Ya no necesitaría señales para sentirla, pues sus almas se habían enlazado en un tierno abrazo para toda la eternidad.

Donostia, junio de 2021

 

 

 


La confianza


Confianza

J.L. Iglesias Diz
Pediatra. Acreditado en Medicina de la Adolescencia. Santiago de Compostela.

 

“No hay medicina sin confidencia,
no hay confidencia sin confianza,
no hay confianza sin secreto”.

 
 

Hay actos que, por pequeños, pasan desapercibidos en la mayoría de los casos, pero algunos, aun en su simplicidad aparente, tienen una carga emocional intensa, esa que hace vibrar alguna cuerda dormida y hace sonar toda la orquesta de nuestra sensibilidad emocional.

Hace muchos años cuando era residente de Pediatría, tuve que atender a un paciente de unos 12 años con dolor abdominal que venía acompañado por su abuelo; después de unas primeras preguntas sobre los síntomas, pasé a explorar al niño. El diagnóstico de sospecha estaba bastante claro; al palpar su fosa ilíaca derecha el niño se contrajo en un gesto de dolor; los síntomas también apoyaban el diagnóstico. Le dije al abuelo que tenía que hablar con el cirujano y que probablemente habría que operarlo. Confirmada la decisión quirúrgica me senté con él para completar la historia clínica. El chico vivía con el abuelo, los padres estaban emigrados. El hombre escuchaba lo que yo le decía manteniendo una actitud atenta y tranquila. Iba sobriamente vestido, una chaqueta gris oscuro, una camisa blanca sin corbata y abotonada hasta el cuello, su porte era elegante; debía de tener alrededor de los 65 años. Le expliqué que la operación tenía riesgos, pero que lo normal era que no hubiese complicaciones. Le pedí que firmase el permiso para hacer la cirugía; “es necesario que Ud. firme para que se pueda realizar la operación”, le dije; firmó y después extendió una mano enorme, encallecida y bronceada hacia mí, yo extendí la mía, blanca, pequeña y suave hacia la suya. Su voz serena dijo en gallego “ustedes son os que saben que facer, confío en ustedes” mientras apretaba con firmeza mi mano. Inesperadamente, una marea de emoción fluyó desde el estómago hacia mi garganta, luego hacia mis ojos y tuve que pugnar porque las lágrimas no inundasen mis ojos.

Supe entonces algo más sobre los seres humanos, supe entonces lo que hace que los hombres y mujeres tengan esperanza: la confianza. Nadie puede vivir sin ella, nadie puede pensar en la felicidad si no cree en los demás, si no sigue confiando a pesar de los tropiezos y las traiciones inevitables. Aquel hombre creía en nosotros, creía en mí, un joven médico de 25 años que decidía que había que operar a su nieto. Fue la fortaleza del alma de aquel abuelo, responsable del chico en ausencia de sus padres, seguramente con una dura vida a sus espaldas, lo que me trasmitió esa fuerte convicción con su apretón de manos encallecidas y sus escuetas palabras. Y ese descubrimiento me emocionó.

26 Julio de 2021

 
 

 

 


“Mi hijo se queja con frecuencia de dolores de rodilla…”


L. Rodríguez Molinero.
Pediatra Acreditado en Medicina de la Adolescencia por la AEP. Hospital Campo Grande. Valladolid.

 
 

“Mi hijo se queja con frecuencia de dolores de rodilla…”

El dolor es el síntoma más común del ser humano. Es el que más desazón produce y el que más altera el bienestar físico, mental y social. Por tanto, cuando aparece suele ser motivo de consulta casi inmediata. Si lo que molesta es la rodilla de adolescentes en plena edad del estirón de crecimiento, y si las molestias se mantienen en el tiempo, los padres no dudan en consultar. Se trata por tanto de un dolor persistente de la rodilla.

Para entender las molestias de rodilla en un adolescente hay que recordar su anatomía. La rodilla es una articulación formada por los huesos más fuertes del esqueleto (tibia y peroné), unos músculos de los más potentes (cuádriceps, isquiotibiales), la presencia de un elemento de unión entre cuádriceps y tibia, como es la rótula, y unos tendones fuertes (rotuliano). La inserción del músculo cuádriceps en la meseta tibial, a través del tendón rotuliano, muy próxima al cartílago de crecimiento, hace más frágil su anclaje, y esto puede contribuir a las molestias que motivan la queja. Si éstas persisten durante un tiempo más o menos largo, entenderemos que es motivo de preocupación. La localización del dolor nos orienta para valorar cuál es la estructura potencialmente lesionada.

Fuente: https://orthoinfo.aaos.org/es/diseases–conditions/el-sindrome-de-dolor-patelofemoral-patellofemoral-pain-syndrome/.

Hay muchas entidades clínicas que cursan con dolor de rodilla, pero las más frecuentes, con mucha diferencia son las inflamaciones de la apófisis (protuberancia) de la rodilla.

Este dolor suele estar relacionado con el ejercicio físico, se localiza en la parte anterior de la rodilla, casi siempre unilateral, y se acentúa con la presión en la zona de inserción del ligamento rotuliano. El dolor casi siempre es de predominio nocturno. Llega a despertar, y puede ser especialmente agudo.
Y como hemos dicho, aparece en adolescentes en pleno estirón puberal (10 a 14 años). Son adolescentes motivados por la actividad física, competitivos, en ocasiones pertenecientes a equipos o actividades deportivas federadas.

En la exploración médica, se considera que el esqueleto es una unidad funcional, de forma que molestias en una zona pueden repercutir en otros lugares. Por eso exploramos todo. La alineación de la pierna, la pisada, la coordinación con otras articulaciones próximas, como la cadera o el tobillo. Esto nos lleva a descartar otras alteraciones o traumatismos. En muchas ocasiones aparece una leve inflamación y enrojecimiento en el lugar de las molestias. El diagnóstico es básicamente clínico. En la mayoría de las ocasiones no se precisan más estudios ni análisis, pero a veces su prescripción ayuda a diferenciar diagnósticos y a una mayor seguridad. La ecografía de rodilla facilita descartar otras patologías y evita radiaciones ionizantes innecesarias (radiografías).

¿Qué hacer?

Nuestra actitud cuando atendemos a adolescentes es aprovechar la ocasión para hacer educación y promoción de la salud.

Es importante informar al adolescente y a sus padres de la benignidad de la situación, y esto contribuye a calmar la ansiedad; advertir que estas molestias pueden durar entre uno y dos años, con recaídas relacionadas con los esfuerzos deportivos.

Enseñamos la utilización del frío y del calor en las molestias deportivas. El frío como vasoconstrictor que es, es un buen antinflamatorio. No aplicar más de 10 minutos en zonas de poca masa grasa, y nunca más de 20 a 30 minutos en las demás zonas. El calor como vasodilatador, es relajante y disminuye los estímulos dolorosos; sesiones de unos diez minutos cada dos horas pueden ser suficientes.

Para calmar el dolor, se usan los analgésicos comunes, tipo paracetamol o ibuprofeno a dosis convencionales junto a aplicaciones de frío localmente (bolsa de hielo). El reposo físico, durante tantos días como necesite, contribuye a la mejoría. No es fácil conseguir que nos hagan caso, ya que la personalidad del adolescente con estas molestias es proclive a la actividad física exagerada. Se puede llegar al vendaje para contribuir al reposo.

Tenemos que advertir que las recurrencias de este dolor son la norma y que irán desapareciendo progresivamente a medida que el paciente vaya creciendo.

Si las molestias persisten a pesar de las recomendaciones, muy rara vez, se imponen estudios especializados, tanto de imagen como analíticos, así como la derivación al especialista.

¿Hay alguna medida para prevenir estas molestias?

En adolescentes que practican una actividad física intensa, hay que recordar el uso de ropa y zapatos deportivos adecuados. Que el pie esté bien sujeto. Se pueden usar rodilleras, que además de calor dan estabilidad a la articulación. Hay en el mercado múltiples tipos.

Que los entrenamientos sean progresivos, y a ser posible bien dirigidos por los entrenadores.

Las federaciones deportivas suelen tener equipos de fisioterapia disponibles a los que se les puede consultar.

Cuando aparezcan molestias, hay que reducir el nivel de exigencia física.

Y se debe recordar que el sobrepeso siempre es una dificultad añadida a las molestias de rodilla.

Bibliografía

  1. El síndrome de dolor patelofemoral. https://orthoinfo.aaos.org/es/diseases–conditions/el-sindrome-de-dolor-patelofemoral-patellofemoral-pain-syndrome/.
  2. Dolor en la región anterior de la rodilla en el adolescente. https://drvilchez.mx/2021/02/23/dolor-en-la-region-anterior-de-la-rodilla-en-el-adolescente/.

 
 

 
 

Mi experiencia con la ansiedad


Mi experiencia con la ansiedad

por Sara
Estudiante, 19 años

 

Buenas, me presento, mi nombre es Sara y soy una chica de 19 años, he padecido de ansiedad que venían de la mano con una bulimia y una depresión, aunque hasta un tiempo después no lo supe.

Aunque hay personas que no lo creen es cada vez más común y mucho más después de la pandemia.

Mi vida era tranquila y normal hasta que aparecieron aquellos problemas con la comida. Nunca la había sentido como tal, un monstruo que se aferra a ti y hace que sufras una terrible angustia en el corazón que va diluyéndose por todo tu cuerpo pensando en algunos momentos que vas a morir literalmente.

Pero no es así, se puede ser capaz de controlarla e incluso suprimir, siendo tú más fuerte que tu mente.

Primero voy a contaros de qué forma la he sufrido yo, cómo me ha hecho sentir y de qué forma ha llegado a afectar en mi vida.

Yo empecé, como ya he dicho, a obsesionarme con la comida y esto fue lo que empezó a creármela.

Mi ansiedad empezó con agobios raros (como yo los denominaba en su momento) cuando no hacía deporte, o me saltaba alguna regla no escrita de alguna de mis dietas mentales. Sentía mucho agobio y era abismal la forma en la que me hacía sentir mal, a veces solo de pensarlo llegaba a medio asfixiarme de tanto llorar, lo que llegaba a arruinarme el resto del día recordándolo, teniendo una actitud muy pesimista o estando furiosa.

La mayoría de veces este comportamiento lo padecieron mi familia, mi padre, mi hermano y mi madre ya que viven conmigo.

Ellos no lo entendían, tampoco sabían nada de lo que rondaba por mi cabeza e hizo que discutiera mucho con ellos porque yo estaba en un cuarto oscuro cerrado del que no quería salir.

Yo me encontraba muy cansada mentalmente y físicamente.

Caminar o hacer tareas básicas del día me agotaban y más tarde descubrí que no era solo por no comer.

También algunas situaciones como, por ejemplo, aquellas que implicaban comer con gente delante, u otros acontecimientos que antes no me paraba a pensar porque no me ponían nerviosa, ahora me hacían sentir opresión en todo el cuerpo.

Y ni siquiera habían pasado, simplemente me hacían sentir mal de solo pensarlo cuando no tenían por qué.

Con la ansiedad lloras y mucho. A veces es porque no sabes controlarlo, otras porque no sabes qué te está pasando y por último para desahogarte.

Es bueno llorar claro, te desahogas.

Pero cuando te acuestas y te despiertas llorando con desazón sin motivo entiendes que algo no va bien y que no puede suceder así de seguido porque ya no te desbloquea ni te alivia.

Te crea pájaros en la cabeza que van multiplicándose y creando un revuelo de ideas oscuras.

También me hice más insegura, era menos sociable, más tímida, no me gustaba estar con mucha gente porque me creaba molestia y no estaba a gusto del todo.

No te sientes tú, te sientes otra persona, no sabes quién eres y eso te crea más tristeza y pesadumbre.

Una vez, recuerdo que no fui a clase y me quedé en casa sola a escondidas después de que mis padres se fuesen a trabajar. Me pasé las tres primeras horas llorando y mi corazón latía muy deprisa. Pensaba que se me iba a salir del pecho y que iba a morir drásticamente por un ataque o algo así.

Cuando me tranquilicé bebí algo y me calmé.

Pensé que acababa de pasar porque en mi vida me había sentido así y fue horroroso.

Te distorsiona la vida pero solo tienes que aprender a decir a tu cabeza que se calme y que todo va a pasar e irá a mejor.

Y poco a poco cada vez aparece menos.

También acudí a un psicólogo y después a la seguridad social, lo que me ayudó con todos mis problemas y supongo que por eso fue esfumándose.

Este es mi caso, pero hay muchos otros, como los que os voy a contar de personas cercanas que han querido hablar conmigo sobre este tema y me han dado otras perspectivas sobre la ansiedad.

La mayoría me han descrito este dilema como sensación de ahogo, nerviosismo, no poder dormir, dolor en el estómago y pecho junto con miedo o mareo.

También que ayuda a contrastarlo el deporte, salir a dar una vuelta con amigos de verdad, hablar, evadirte, en general, con cosas que te hacen sentir bien, ya sea ver el atardecer tú solo o darte una ducha caliente larga.

Una de ellas me ha contado que lo ha sentido más después de la aparición del covid pero que anteriormente ya lo había sentido con situaciones rutinarias como coger el coche, la presencia incómoda de alguien o de tanto posponer tareas que al final se acumulan.

Otra persona me ha hecho ver la distinción entre estrés y ansiedad.

Para ella, el estrés puede ser debido a un desencadenante claro, como el trabajo, pero por el contrario, lo otro es una intranquilidad con un nudo en el estómago que no puedes deshacer porque la situación es inevitable.

Igual que yo, esta persona necesita fumar para calmar la ansiedad por cualquier problema, aunque sea a altas horas de la noche o tengas que hacer una maniobra increíble para conseguir fumar ese cigarro y tras diez minutos suele calmarse.

Si crees que padeces esta dificultad o ya lo sabes, quiero que sepas que con amor, tranquilidad, comunicación y apoyo con los tuyos o si te perturba mucho y crea problemas graves en tu vida, con ayuda de profesionales, se puede controlar o suprimir.

Gracias por leer este texto y espero que hayas entendido o aprendido un poco más lo que es la ansiedad.

 
 

 
 

Novedades médicas 2021 3



F. Notario Herrero
Pediatra. Unidad de Pediatría y Adolescencia. Clínica Ntra. Sra. del Rosario. Albacete.

 

Autolesiones en adolescentes

Como ha sucedido con otros trastornos de salud mental en adolescentes, el confinamiento y las restricciones de la pandemia, también han provocado un fuerte incremento de las autolesiones. Varios estudios en España, Reino Unido, Suecia, etc. han puesto de manifiesto unos incrementos significativos, cifras alarmantes que nos recomiendan visibilizar el problema, aunque muchas veces intentar encontrar testimonios de la propia voz de los adolescentes es una tarea complicada.
Los pediatras sabemos del tabú en torno a la enfermedad mental. Dentro de los trastornos mentales no es lo mismo hablar de ansiedad y depresión, que de alguna manera hemos normalizado últimamente que de autolesiones o incluso de suicidio. Y además hablamos de adolescentes, lo cual hace el tema un poco más delicado, implica a toda la familia, con el estigma que ello significa. Pero ¿en qué consisten las autolesiones?, pues podemos definir autolesión no suicida al daño intencionado y autoinflingido de los tejidos corporales (cortes, golpes, quemaduras) sin intención suicida y para fines no sancionados social o culturalmente. Pablo Rodríguez, psicólogo clínico del Hospital Fundación de Alcorcón, añade que es un fenómeno creciente paralelo al desarrollo de las tecnologías. Uno de cada tres adolescentes (30%), han tenido alguna vez en su vida una conducta autolesiva, sin embargo, nos preocupan el 10% de ellos que son los que repiten estas conductas de forma continuada (cinco episodios en el último año). Estas conductas repetitivas pueden ser un predictor claro de intentos de suicidio. Pero ¿por qué? En palabras de Iría Méndez, psiquiatra infanto-juvenil del Clínic de Barcelona en su portal elaborado junto con fundación BBVA, el motivo más frecuente es generar bienestar emocional. Los adolescentes toleran mucho mejor el dolor físico que el emocional, por tanto, en situaciones de dolor emocional, generar un dolor físico puede ayudar. En segundo lugar, estaría la forma de comunicar un malestar y, por último, mucho menos frecuente, generar placer. Ellos nos lo explican como una manera de autorregular sus emociones, de buscar alivio, de escapar de sus problemas. ¿Sabremos interpretar su forma de pedir ayuda y su deseo de dejar de sentirse invisibles?

 

Redes sociales, doble filo para nuestros adolescentes

En octubre se celebró el Día Internacional de las Niñas. En esa fecha millones de adolescentes y jóvenes mujeres se unen a través de redes sociales para reivindicar los derechos de las chicas. Mónica Penella, psicóloga, nos recuerda que todo lo que hay en las redes tiene un punto artificial, una irrealidad, que muchos adolescentes no saben distinguir y las convierte en espacios peligrosos. Las chicas que se ven influenciadas por la perfección falsa que circula en la red, tienen mayor probabilidad de desarrollar un trastorno alimentario. No obstante, como apunta la psicóloga, las redes tienen su lado positivo si hacemos un buen uso: comunidad, socialización y diversidad. Los adolescentes han sido unos de los grandes perjudicados por el confinamiento en un momento de su vida donde lo más importante es socializar, su mundo paralizado por la COVID y las clases vía online. Solo les quedaba internet y las redes sociales, eran “la herramienta principal de conexión”. En 2020 niños y adolescentes aumentaron un 76% su uso, que ya de por si era alto. Instagram, Facebook o TikTok no sirven de apoyo solo durante pandemias. ¿Y lo negativo? También lo conocemos: presión social, baja autoestima, irrealidad. Tanto chicos como chicas antes de la pandemia ya mostraban un patrón de abuso de las pantallas (21,7%). Ya existen algunos estudios preliminares sobre los patrones de uso de las nuevas tecnologías en la era COVID y no dejan de ser inquietantes, como comenta el Jefe de Servicio de Psiquiatría del Hospital Infanta Leonor, Dr. Quintero.

Habrá que ir recuperando poco a poco las formas de relación de la vida real y dejar que las redes sociales sean el complemento de la vida social para el adolescente. En esta desescalada del exceso sufrido por tanta exposición tienen un papel fundamental los padres, cuya herramienta principal es la comunicación, que tanta falta hace en estos momentos según apunta también Verónica Rodríguez, psicóloga. Por tanto, la clave para que los padres puedan guiar a sus hijos es estar en las redes y reducir esa brecha digital con los adolescentes. Algunas ideas para evitar el abuso: establecer límites y normas, ni premio ni castigo en su uso, momentos prohibidos, no usar el móvil como despertador, proponer alternativas de ocio saludable, mostrar acercamiento e interés por redes, pero sobre todo, fomentar la comunicación con nuestros adolescentes y como no, pedir ayuda a los profesionales cuando se necesite.

 

¿Tenemos alternativa al botellón?

Ya conocemos muchos estudios que nos recuerdan, que la edad media de inicio en el consumo de bebidas alcohólicas está en España sobre los 14 años. Los adolescentes tontean con el alcohol generalmente en verano sobre el 2º y 3º de la ESO, ahí se produce la transición de no tomar ni gota de alcohol a empezar a beberlo, comenta Laura Martín, educadora social de la Fundación Alcohol y Sociedad (FAS), y curiosamente como patrón, las chicas empiezan antes, al inicio de sus relaciones con chicos algo mayores y consumidores ya de alcohol; fiestas en pueblos, playas, reuniones particulares, amigos pandilla, …os suena? y poco a poco se consolida el hábito a medida que se nos hacen mayores, el ocio se va reduciendo, se resume en “quedar para beber”. ¿Y las familias qué?, pues ¿qué tal hablar con sus hijos adolescentes de los riesgos del alcohol en su cerebro, en su hígado, en su crecimiento, etc. cuándo todavía no lo han probado? El consumo responsable NO EXISTE, ingerir alcohol siempre perjudica su salud y altera su percepción. El momento del consumo llegará antes o después, pero el adolescente tendrá más herramientas para tomar decisiones incluso con una copa en la mano. Los adolescentes beben por un problema de comunicación, y no hay en muchas ocasiones, un ocio alternativo.
En cuanto se han levantado las restricciones de la pandemia hemos visto como se han disparado los botellones, han acudido a ellos pensando que quizá es la mejor manera de divertirse. El 54% de los padres saben que sus hijos beben, pero hacen “la vista gorda” nos recuerda Silvia Jato, Directora de Relaciones Institucionales de la FAD. Según J. María González Aleo, investigador del Observatorio de la Juventud en Iberoamérica, profesor del ESIC, es necesario cambiar en nuestra sociedad esta mentalidad. Los padres deben inculcar aficiones desde pequeños: lectura, escritura, música, deporte, etc. El planteamiento del adolescente de salir por la noche y consumir es poco rico en aportación personal. Si tienen una afición, además de sentirse más realizados tendrán la responsabilidad de no acostarse tan tarde y en mejores condiciones. Hace falta, en suma, mostrarles otras alternativas y sobre todo que, por ejemplo, deportistas que arrastran masas, demuestren que hay alternativas. Las comunidades autónomas y el Gobierno deben lanzar campañas de concienciación, tal como en su día se hizo con el tabaco. Entre todos tenemos que demostrarles que sin beber también hay diversión. Es urgente porque el consumo de alcohol es un problema de salud pública.

 

Vacunación en la adolescencia

Las cifras de vacunación en la primera infancia en España superan el 90%, pero lamentablemente bajan en la adolescencia, quedándose en un porcentaje no deseable. Mientras en los primeros años de vida hay un seguimiento por parte del pediatra muy exhaustivo, en la adolescencia se produce cierta relajación de las partes implicadas: familias y sistema sanitario. Ante este escenario, los pediatras nos enfrentamos al reto de mantener altas las coberturas vacunales en la adolescencia, sobre todo, en el caso de dos inmunizaciones especialmente recomendadas en esta edad: la del meningococo, responsable de la enfermedad meningocócica invasiva (EMI) y la del virus del papiloma humano VPH, tanto en chicos como en chicas, relacionado como todos sabemos con el desarrollo de algunos tipos de cáncer y ETS. Para estudiar la situación actual y las fórmulas de comunicación que ayuden a trasladar el mensaje de la importancia de la vacunación, se celebró en Sevilla hace unas semanas el I Foro del Adolescente (Un like X la prevención), bajo los auspicios de GSK, dirigido fundamentalmente a pediatras, coordinado por el Dr. Francisco Giménez, coordinador de los hospitales Vithas en Andalucía y director del Instituto Balmis de Vacunas. En el apartado de la comunicación con el adolescente y su familia he tenido la ocasión de participar, como presidente de la SEMA, para destacar que la atención al adolescente siempre ha supuesto un reto para los pediatras y/o médicos de familia que les atienden. El adolescente se aleja de los sistemas de salud, y las familias muchas veces no perciben que el riesgo cero no existe. El papel del pediatra en la consulta es crucial, las visitas son escasas y con frecuencia representan la única y última oportunidad que tenemos para asesorar, interpretar o ayudar al adolescente en un momento crítico. Todos tenemos presente la importancia de la “escucha activa”, el no minimizar sus preocupaciones e inculcar un compromiso. En definitiva, el adolescente debe sentirse responsable. Los pediatras debemos trasmitirles que la vacunación forma parte de un estilo de vida saludable. Utilizar nuevos canales de información como las redes sociales para trasladar información fiable sobre vacunas puede ser una opción a añadir, además por supuesto, de la comunicación directa con adolescentes y familias para recordarles el valor de dichas vacunas.

 

 

 


Diabetes tipo 1 en la edad pediátrica


Diabetes tipo 1 en la edad pediátrica

Lo que se necesita saber para la autogestión de la diabetes

Autores: Dra R. Barrio Castellanos, L. Cartaya Otamendi

 
 

La doctora Raquel Barrio Castellanos, diabetóloga pediátrica y apasionada incansable de la ciencia y el arte, junto con Lourdes Cartaya Otamendi, licenciada en Pedagogía, acaban de publicar en marzo de 2021, la segunda edición del libro de divulgación médica titulado: “Diabetes tipo 1 en la edad Pediátrica”. Bajo el lema: “todo lo que se debe saber para la autogestión de la diabetes”, las autoras hacen un resumen actualizado y riguroso de los principales avances en el conocimiento de la diabetes pediátrica en sus distintas vertientes etiológica, diagnóstica y terapéutica, sin dejar fuera de consideración un aspecto crucial de las personas con diabetes, como es la calidad de vida. Se trata de un texto didáctico, con ilustraciones claras y tono sencillo, a la vez que preciso, completo y lleno de rigor científico. A lo largo de sus 16 módulos, el libro te lleva de la mano a recorrer el estado actual del conocimiento de la diabetes infanto-juvenil, sin apenas darte cuenta de que, en ellos, están resumidos años de experiencia y una vida dedicada a la búsqueda de respuestas. Todo ello, es abordado desde la perspectiva de un aprendizaje continuo y compartido con los pacientes, donde se describen y desmenuzan las claves del autocontrol de la diabetes en la edad pediátrica y en la adolescencia. Las autoras ponen el foco en las distintas opciones terapéuticas, ayudando al paciente y a sus familias en la autogestión de su diabetes, incluyendo también otros aspectos menos cubiertos desde el punto de vista asistencial, pero no por ello menos importantes, como son la nutrición y el apoyo psicológico. El libro nos guía, con una estructura coherente y ordenada, a través del conocimiento actual de la diabetes tipo 1 y dedica una parte central del mismo al desarrollo de las nuevas formulaciones de insulinas, nuevos dispositivos de administración, así como al gran desarrollo tecnológico que ha acontecido en este campo en los últimos años.

Esta publicación, ya desde el título, plasma no solo el conocimiento, sino la huella de la trayectoria profesional de sus autoras, que persiguen la excelencia en sus respectivas disciplinas, estableciendo siempre un puente entre la práctica médica y la responsabilidad y autocontrol del paciente. En mi opinión, este libro es sin duda una aportación generosa para los pacientes con diabetes y sus familias, así como una guía de inestimable valor para todos los profesionales que se dedican, de manera directa o indirectamente, a la atención de los niños y adolescentes con diabetes tipo 1.

 
 

Dra. Purificación Ros
Endocrinóloga Pediátrica. Jefe de Sección de Pediatría. Hospital Universitario Puerta de Hierro. Madrid. Profesor Asociado del Departamento de Pediatría. Universidad Autónoma de Madrid.

 
 

 

 


Al Dr. Enrique Dulanto Gutiérrez

 

In Memoriam

Al Dr. Enrique Dulanto Gutiérrez

El 9 de abril de 2021, nos dejaba un Maestro y Pionero de la Medicina de la Adolescencia, el Dr. Enrique Dulanto Gutiérrez. Lo llamo Maestro por cuanto considero que es como él desearía ser llamado, en la medida que siempre consideró y luchó, no solo por la salud integral de Adolescentes y Jóvenes sino que puso el mismo énfasis por su proceso educativo. Junto con Paula Peláez de Chile, Nydia Gómez Ferrarotti de Argentina, Anita Colli en Brasil y Roswell Gallaguer en los Estados Unidos, fueron sin duda los pioneros de la Medicina de la Adolescencia en América y creo que podríamos decir en el Mundo.

Es a mediados del siglo XX, que la Adolescencia como etapa de vida, deja de ser considerada una mera transición de la niñez a la adultez para alcanzar una jerarquía por sí misma. En 1904, se publica el maravilloso tratado psicológico sobre la Adolescencia de Stanley Hall. Hasta esos años, la Adolescencia era no solo ignorada, sino más aún menospreciada por la sociedad en general.

El cuidado de la Salud en todas las naciones, nunca se destinó a quienes la Sociedad no jerarquizaba, ni consideraba. Ocurrió con los esclavos, con las mujeres, los niños y más recientemente con la Adolescencia y Juventud. Por el contrario en esta etapa, que algunos denominan posmodernidad, la Sociedad en general se ha “adolescentizado”. Es esto por lo que estos pioneros, interpretaron, lucharon y promovieron.

Enrique Dulanto Gutiérrez, había nacido en el día de Navidad del año 1931. Estudió Medicina, y se graduó en la Universidad Autónoma de México. Se capacitó en Clínica Médica en España, particularmente en Endocrinología, especialidad que terminó de profundizar en Londres, donde conoció a Tanner (lo que ya nos indica que comenzaba a perfilar su interés por el estudio y la atención de la Salud Integral en la Adolescencia), a lo que sigue una capacitación especial en el Hospital Johns Hopkins en los Estados Unidos con el Prof. Wilkins.

De regreso a su país se especializa en Pediatría e ingresa al Hospital Infantil de México donde en 1964 crea el Departamento de Adolescencia. Este modelo de abordaje integral, e interdisciplinario, se convierte en fuente de inspiración para muchos centros de adolescencia que se fueron creando en América Latina. Organizado y en marcha su servicio, se convierte en un viajero infatigable e invitado de honor en la mayoría de nuestros países y de las instituciones que comenzaron a formarse: Comité de Adolescencia de ALAPE, ALOGIA y CODAJIC, desempeñándose en múltiples oportunidades como Asesor de la OPS/OMS, en el desarrollo de la atención integral. En abril del año 2001, se realiza en Buenos Aires el Congreso Mundial de Ginecología Infanto Juvenil, donde Dulanto tiene una función destacada como uno de los oradores principales. Es asimismo un promotor incansable de servicios de adolescencia que se empiezan a crear en todo el continente, tomando como ejemplo el centro de atención de salud integral e interdisciplinario que él había creado en la década de 1960.

Esta prolífica labor fue acompañada por sus publicaciones vertidas particularmente en libros, que cubren y profundizan los más amplios aspectos de la salud integral de adolescentes y jóvenes, que se convierten en tratados de consulta para todos quienes abrazamos esta especialidad.

Se iniciaba el año 1977, cuando Enrique viene a Buenos Aires, lo escuché disertar sobre la Medicina de la Adolescencia en el Aula Magna del Hospital de Niños Pedro de Elizalde. Quedé subyugado por la claridad de su exposición, energía, entusiasmo, valentía y pleno convencimiento de lo que estaba expresando. Para mí ese día significó un antes y un después en mi carrera profesional. Solo cuatro meses después estaba en el DF de México, haciendo una pasantía por su servicio, donde pude comprobar como todos los enunciados se cristalizaban en una praxis superadora.

Gracias Maestro, por todo lo que nos brindaste, tanto a los Adolescentes como aquellos a quienes nos supiste transmitir tu legado y también gracias amigo por tu amistad. Ya te extraño.

¡Que descanses en Paz!

Dr. Gustavo A. Girard